El corazón de Oshala

“Este es el relato que mas le ha gustado a la gente de todos los que he escrito en mi vida, lo tengo comprobado. Sinceramente no lo entiendo, porque es una mierda xD”

Llevamos cinco días buscando sin parar la dichosa estructura, pero no hay ni rastro de ella. En realidad no tenemos ni idea de lo que estamos buscando, pero eso a Jack no le entra en su dura cabeza, sobre todo, después de oír aquella historia que nos contaron los habitantes de aquel poblado…Así que aquí estamos, pudriéndonos en mitad de una selva congolesa, comiendo nada más que lo que encontramos, ya que las provisiones se agotaron hace un día.

Somos tres en el grupo: George Kaplan, es decir, yo mismo, y soy gemólogo; después tenemos a Rick Norman, es arqueólogo y muy reservado; por último, el cabecilla del grupo, el hombre hiperactivo y torpe, Jack Matthews, que se supone que es nuestro explorador…

Ya estaba anocheciendo, así que nos tocaba resguardarnos en la tienda. Paramos, y empezamos a montar nuestro emplazamiento:

Oye Jack, ¿Cuándo se supone que queda para llegar?- le dije yo irónicamente.

Desde luego George, que poco espíritu aventurero tienes. Ojala y un día aprendas de mí.

‘’Si se me pega tu estupidez, me suicido’’ – Pensé muy resignado…

Oíd chicos, me voy a dar una vuelta- dijo Rick secamente

Pero Rick, ¿adónde vas a estas horas?, es peligroso.

Rick ni siquiera contesto, como solía ser habitual en él, y se marcho. Mientras, nosotros seguimos montando nuestro lecho.

El arqueólogo estaba caminando, y como estaba siempre absorto en sus pensamientos, aunque nadie sabía que tenía en mente…Siguió caminando, durante al menos media hora, hasta que algo le freno en seco y le saco de sus pensamientos. Estaba frente a una estructura de unos diez metros de altura, pero parecida solo la entrada, así que se pregunto dónde estaba el resto de la edificación. La respuesta era sencilla: bajo tierra.

‘’La estructura encaja perfectamente en la historia que nos contaron….sin duda tiene que ser esta’’- pensó mientras analizaba lentamente la estructura. Pero un nuevo pensamiento, le nublo el juicio. No sabía qué hacer, si avisar a sus compañeros, o intentar entrar en el recinto subterráneo. No tardo mucho en obtener la opción, ya que el siempre fue un arqueólogo menospreciado por sus compañeros de oficio, así que decidió acercarse, a lo que parecía la entrada.

La inspecciono detenidamente: era de bloques de grandes bloques de piedra, y había en el centro dos caras de piedra tallada pon la boca abierta. Supuso que por la fuerza no podría abrirla, por lo que opto por buscar algún mecanismo que le dejara entrar en la estancia. Rick siempre había sido muy observador, y se dio cuenta que a una de las caras le faltaba un ojo, por lo que opto por hurgar dentro del hueco, para ver qué pasaba. Nada más introducir el dedo, dos flechas salieron de cada una de las bocas, sin darle tiempo a Rick, para reaccionar. Impactaron en el estomago y el cuello…ya no había salvación para él.

Nos encontrábamos dentro de la tienda, y ya habían pasado dos horas desde Rick se había marchado, y yo empezaba a estar intranquilo…’’Seguro que le ha pasado algo’’ pensé incomodo. La verdad es que ha Jack, tampoco se le veía muy relajado. Seguramente también estaba preocupado por el, así que me decidí a tomar la iniciativa:

Creo que deberíamos ir a buscar a Rick. Si no ha vuelto ya, es que le ha pasado algo.

Exageras un poco, seguro que termina volviendo, ya verás.

Decididamente, Jack aparte de estúpido, estaba asustado. No tuve más remedio que imponer mi autoridad, para que reaccionara:

Solo te lo voy a decir una vez Jack: coge lo que tengas que coger y vamos a buscarlo. ¿Lo has entendido?

Jack no dijo ni una palabra. Quizás le impresiono que por primera vez en la vida, fuera yo el que diera órdenes. Cogió lo necesario y partimos.

Apenas se veía nada, ya que la oscuridad ya se había extendido. Por suerte las linternas nos ayudaron un poco a seguir el rastro que había dejado el arqueólogo de hojas aplastadas y demás vegetación.

Ya llevábamos más de cuarenta y cinco minutos andando, ya que debíamos avanzar lentamente por la oscuridad. Al final, Jack se paro sin dar crédito a lo veían sus ojos. Por fin había encontrado lo que andábamos buscando, hasta yo me quede impresionado por ver que existía en realidad. A Jack le invadió la euforia y se acerco corriendo a la estructura, pero tropezó con algo y cayó al suelo. Me acerque yo, con más cautela y enfoque el haz de luz hacia lo que había hecho tropezar a Jack.

La visión hizo que un escalofrió recorriera todo mi cuerpo. Desgraciadamente, habíamos encontrado a Rick, pero muerto. Mientras Jack se levantaba, mirando el cuerpo del arqueólogo, dijo:

Pobre diablo, eso le pasa por ir solo en un sitio como este. George, ven y ayúdame a buscar algo para abrir la entrada

Me sorprendió la pasmosa frialdad de Jack, pero en realidad nadie lo iba a echar de menos. Su carácter extremadamente reservado, le había dejado solo en la vida, no tenía a nadie. Deje atrás el cuerpo de Rick y me acerque a lo que parecía la entrada. Sin duda lo era, había dos cabezas de piedra con las bocas abiertas, una encima de otra. Eso me hizo sospechar de donde habían salido las flechas.

Mira George, a una cabeza le falta un ojo, creo que ese es el mecanismo de entrada. Voy a meter el…

Lo frene en seco cogiéndole de la mano, ya que supuse que los que construyeron este lugar, creían que lo obvio seria tocar el hueco donde falta el ojo. Por eso, decidieron que se activara la trampa desde ahí. Entonces, por eliminación, debería apretar el ojo que estaba. Con un poco de miedo apreté el ojo, sin pensar que podía ser otra trampa.

Pasaron unos diez segundos, y no ocurría nada, hasta que por fin, la mole de piedra empezó a moverse hacia la derecha. Habíamos conseguido abrir la entrada, y una oleada de alivio recorrió mi cuerpo.

Unas escaleras, no muy seguras, nos invitaban a ir hacia abajo. El primero en bajar fue nuestro explorador.

Ten cuidado por donde pisas, puede haber trampas-le dije a Jack

A medida que íbamos bajando, las paredes estaban repletas de esas caras de la entrada. Eran todas iguales, y esto no me dio una buena impresión. Mientras bajábamos muy lentamente, a Jack se le cayó la linterna, y se agacho para cogerla, apoyando el pie en una de los peldaños, el cual se hundió un poco en el suelo, y salieron tres lanzas a una velocidad demasiado rápida para la vista humana.

Me asuste, y ya creí que Jack había quedado ensartado en una de las lanzas, pero al enfocar la linterna me lo encontré aun agachado. Las lanzas no le alcanzaron, y me apoye en la pared, para recuperarme del susto, mientras pensaba que más suerte en la vida no se puede tener. Jack recupero su linterna y dedicándome una sonrisa siguió bajando, y yo detrás de él, con cuidado de no pisar el escalón de la trampa.

Después de unos cuantos escalones más, llegamos a una sala, rectangular, bastante espaciosa, y totalmente vacía, menos por una estatua que se situaba al final de la sala. Era una estatua de piedra, de unos dos metros de alto, y con los brazos extendidos hacia delante y juntos, los cuales sostenían un objeto brillante. Sin duda, era lo que veníamos buscando estos días: el corazón de Oshala. Al enfocarlo con la linterna, el diamante inundo toda la sala con un color rojo tan intenso y brillante, que no podrías dejar de contemplarlo. Era demasiado hermoso para ser verdad, pensé, mientras los dos estábamos atónitos mirando el diamante.

‘’El diamante tiene que ser mío’’. Una oleada de lujuria y obsesión me invadió, pero había un problema: Jack. Mire la linterna y seguidamente mire a Jack, que estaba delante de mí. Empuñe la linterna como un arma y le aseste un golpe en la nuca, lo cual hizo que cayera al suelo de dolor, mientras yo me abalance sobre él, y empecé a darles golpes, hasta que por fin, dejo de moverse.

Me levante, salpicado de sangre, y fui hasta el magnífico diamante, que jamás había visto en mi vida. Era tan bello que dolía mirarlo, y entonces me di cuenta de lo que había hecho, matar a mi compañero. Me desespere, pero el diamante seguía ahí, esperando a que lo cogiera y me lo guardara para mí solo, eso es, solo podía ser mío. No lo compartiría con nadie, pero he hecho algo horrendo………. ¡Me estoy volviendo!, ¿Qué debo hacer?…….Solo se le ocurría una solución, para no poder perder la cabeza frente al diamante. Volvió a deshacer el camino hasta llegar a las lanzas, rompí una y cerrando los ojos me la clave…

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Publicado el 24/03/2010 en Relato. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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