Por un maldito cubo de Rubik

Corría el año 1980, hacia poco que había llegado la democracia en España, y todo parecía que empezaba a funcionar, aunque aún no había nada seguro. Por esos años, corría un nuevo invento que tuvo al mundo atrapado. Ese invento, era el cubo de Rubik. Un juguete, de gran complejidad para resolver, y que servía para agudizar y agilizar nuestro cerebro.

Iba con mi hijo paseando por una de las avenidas de la ciudad, y de cada cinco personas, una llevaba un dichoso cubo. A mí, particularmente, me parecía una pérdida de tiempo. Caminando, mi hijo David, se paro delante de un escaparate de una juguetería. Y como no, allí estaba otro cubo de Rubik…David se había quedado pasmado, y yo ya sabía que lo quería:

– No me digas, que quieres ese trasto.

– Pero papa, todo el mundo tiene uno, ¿por qué no puedo tener yo uno también? Además, dicen que ejercita el cerebro, y necesito desarrollarlo.

Al oír esto, automáticamente puso los ojos en blanco, pensando que esas excusas para comprar las había heredado de su madre. No me quedo otro remedio, que coger a mi hijo de la mano y pasar dentro de la juguetería.

A los tres minutos, ya estábamos otra vez en la avenida, y mi hijo ya estaba enfrascado en el complejo cubo…parecía que el juguete era pura adicción para todo aquel que intentara resolverlo.

Por fin, llegamos a casa y nada más ver mi esposa aquel cubo, dijo:

– Vaya, al final has sucumbido a la moda del cubo. Y tú que decías, que era una pérdida de tiempo… – comento, con aquel tono burlesco, que siempre la caracterizaba.

– ¿Y qué quieres que haga? Nuestro hijo ha heredado tu habilidad para sacarme el dinero con compras…

Mi mujer me dedico una amplia sonrisa y volvió a sus aficiones, mientras David se fue directo a su cuarto sin pronunciar ni una sola palabra, y se encerró allí.

Pasaron cinco días, y no hubo ningún momento en el que el cubo de Rubik no acompañara a mi hijo: a la hora de comer, al colegio, incluso se acostaba con él. Y al quinto día de haberle comprado el rompecabezas, se acerco al sillón, donde yo descansaba tranquilamente viendo la televisión, y me enseño el cubo:

– Mira papá, por fin he conseguido resolverlo. Creía que sería más sencillo. – dijo con un gracioso aire de grandeza.

Una vez dicho esto, dejo el cubo allí tirado y se fue, como si ya fuera un juguete inservible. Al oír mi mujer lo que me comento nuestro hijo, se acerco para observar el cubo, lo cogió, y mientras se iba dijo:

– Pues yo también lo voy a intentar. – Siempre hablando con ese tono burlesco cuando se dirigía a mí.

Yo no sé que le verían al dichoso juguete, pero me seguía pareciendo una pérdida de tiempo, un producto comercial como cualquier otro.

Pasaron los días, más de cinco, y mi mujer seguía dándole vueltas al cubo para que encajaran las piezas del mismo color. Y una noche tumbados en la cama, yo leyendo “Crimen y Castigo”, y ella debería estar con sus revistas, pero no era así…Pasaron unos 10 minutos, cuando me puso el cubo en las narices para que viera que estaba resuelto. No dijo nada, simplemente lo dejo encima de mi cuerpo y se dio la vuelta para dormir, tal como había hecho nuestro hijo David.

Al despertar, mire la mesilla, y allí descansaba el cubo, pero ya no estaba resuelto, si no totalmente liado. Eche un vistazo rápido a la habitación. No había nadie, y volví a mirar el cubo, mientras mi orgullo me decía: “no vas a ser menos que tu hijo y tu mujer. Tú también puedes hacerlo. Adelante, inténtalo, nadie te observa”. No pude resistir la tentación, y lo cogí. Lo primero era saber cómo funcionaba…por lo que se ve las piezas giran en torno a un eje central, el cual no se mueve, por lo tanto, las piezas centrales de cada cara no se mueven, y te indican que en esa cara ira el color de la pieza central. Deduciendo eso, no parecía muy difícil…

Creía que en una mañana lo tendría resuelto, pero no era así. No salí de la habitación hasta el mediodía, para ir a comer. Al bajar las escaleras, me encontré a mi mujer de frente, y viendo el cubo, me dedico una risa juguetona, mientras me decía:

– No puede ser cariño, creía que era una pérdida de tiempo. – Comento con un tono irónico, que no me gusto nada.

Pasaron los días, y esto se había convertido en un sin vivir. No había forma de resolverlo, y no lo soltaba en todo el día. Me tenía totalmente atrapado, mientras mi orgullo me daba ánimos de que siguiera intentándolo.

Un mes ya había pasado, y yo me aislé del mundo para completar el rompecabezas. Se había convertido en mi única obsesión…. ¡Tenía que resolverlo!. Solo dormía, por que el agotamiento no me dejaba pensar, solo comía una vez al día. Mi mujer estaba preocupada por lo que me pasaba, así que un día se me acerco a mí:

– Cariño, deja el cubo por una vez y vámonos a la cama anda.

Alargo el brazo para coger el cubo, pero le cogí la extremidad y se la apretaba, mientras me levantaba, y liberándole el brazo la empuje contra la pared, golpeándose con ella y por consiguiente cayendo al suelo. Ella me miro asustada, sin saber qué hacer. Su tono burlesco había desaparecido, y ahora lo sustituía una voz temblorosa:

– Pero…pero que te ocurre?…- Pregunto, mientras le brotaban lagrimas de los ojos.

– Ni si te ocurra acercarte al cubo nunca más. ¡¿Me oyes?!. ¡NUNCA!.

Y directamente me fui de la sala hacia mi cuarto. El agotamiento ya podía conmigo y tenía que descansar.

A la mañana siguiente, me desperté, pero no era mi cama. ¿Dónde estaba?. Observe la estancia, y parecía un hospital. Lo veía todo borroso, como si me hubieran sedado y los efectos se empezaran a pasar. Pero por suerte el cubo lo tenía en la mesa de al lado. Intente cogerlo, pero tenía el cuerpo demasiado entumecido para moverme bien. Me encontraba cansado así que volví a dormirme…

No tenia noción del tiempo, no sabía cuánto rato había estado durmiendo, pero el entumecimiento parecía que había desaparecido, y los efectos restantes del sedante también. Nada mas despertarme, me di cuenta de que un enfermero estaba jugueteando con mi cubo. Una pequeña ola de ira me vino de repente. Cuando me iba a levantarme para quitárselo, el se dio la vuelta, me vio despierto y me enseño el cubo:

– Mire, ¿ve como no es tan difícil? No hace falta obsesionarse. – Y me dedico una sonrisa.

Al escucharlo, esa pequeña ola de ira, ya era inmensa y se apodero de mi cuerpo. Me levante, cogí la almohada, y me abalance sobre el enfermero. Primero le golpee en la cara un par de veces, y luego la almohada me ayudo a asfixiarlo lentamente, mientras gritaba:

– ¡NO TOQUES MI CUBO! ¡NO TOQUES MI CUBO!

Los gritos alertaron a otros médicos y enfermeras. Llegaron dos médicos, y al ver la escena me intentaron reducir, mientras pedían sedantes a gritos. No podían conmigo, hasta que llego un tercer medico, y me inyecto el sedante. Pero ya era demasiado tarde para el enfermero, mientras me desplomaba como un animal salvaje que acababa de recibir su tranquilizante.

La señora Ballesteros estaba sentada, esperando al que el doctor le atendiera. Todos los acontecimientos que habían pasado, la habían destrozado emocionalmente. El doctor se acerco desde el final del pasillo y le comento su pronóstico:

– Lo siento mucho, pero no podemos hacer nada por él. Lo único que le puede curar es resolver el cubo de Rubik, pero para ello, lo enviaremos a un psiquiátrico, ya que este hospital no es sitio para su marido.

Al escuchar atentamente al doctor, ella, desde ese día, siempre tuvo la esperanza de que lo resolviera y pudiera regresar a casa…pero su marido nunca fue capaz de encontrar la solución.

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Publicado el 06/03/2010 en Relato. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Primer!!!
    ¿Estrenando blog?
    Buen relato, la verdad es que es muy original, con un final muy inesperado…
    El cubo de Rubik es una obsesión, he tentado varias veces a comprarme uno… Pero sé que si no consigo resolverlo me va a pasar como al protagonista de tu historia, y no quiero acabar en un psiquiatrico!
    Te devuelvo el enlace en mi blog!

  2. Pues si señorita, estrenando blog ^^. antes tuve otro, muy descuidado al que solo le publique 5 entradas, pero es que os veia a vosotros y me volvio a entrar el mono de escribir.

    Este relato se me ocurrio viendo una escena de “En busca de la felicidad”, si la has visto sabras que escena digo. Me alegra que te haya gustado el relato y muchas gracias por devolverme el enlace ^^

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